El SIDA (Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida) no es más que una enfermedad asociada a la última fase de un proceso infeccioso de destrucción del sistema inmunológico, provocado por un virus denominado VIH.
El VIH o Virus de Inmunodeficiencia Humana, pertenece al grupo de los Retrovirus y a su vez se encuentra clasificado dentro de estos como un Lentivirus. A pesar de que aún no se tienen respuestas concretas con respecto a su origen, si se tiene conocimiento de la existencia de dos tipo: el VIH 1 el cual se cree proviene de los chimpancés y puedo haber permanecido en humanos los cuales convivía con él relativamente bien y el VIH 2 el cual se piensa viene de los monos africanos, siendo este último mucho más difícil de transmitirse que el primero y más lento en cuanto a su desarrollo y posibilidad de dar paso a enfermedades. El VIH como todo virus penetra en las células sanas para mediante ellas multiplicarse y una vez dentro introduce su material genético para así hacer varias copias de si mismo, dejando a su paso células muertas.
Este virus actúa directamente en el sistema inmunológico, atacando a los glóbulos blancos, y más específicamente a los linfocitos CD4 los cuales son los encargados de la defensa del organismo contra las los agentes invasores y de producir los anticuerpos (linfocitos B), llevando así al sistema inmune a su destrucción progresiva.
Las personas infectadas con VIH son muy vulnerables a enfermedades a las que en condiciones normales el organismo puede resistir sin muchas dificultades, como neumonías, o ciertos tipos de cáncer poco comunes y mueren generalmente por las mismas causas, infecciones o cáncer. Es precisamente cuando estas enfermedades comienzan a parecer que se dice que la persona infectada adquiere el SIDA, es importante señalar que no todas las personas portadoras del VIH adquieren Sida.